Solo un sueño

Se levantó asustado, sudoroso, de un golpe estaba sentado, había sido un sueño, pero fue tan real con nombres y todo. Enrique trataba de calmarse. Su esposa se había levantado también y lo confortaba.

–Ya pasó ¿qué soñaste?

–Estaba en un parque y había un festival con alegorías para niños, cuando en una carretera, a lo lejos, se escuchó un tremendo choque y se veía mucho polvo que se elevaba en el aire. Aunque era de día cuando llegué al lugar del choque ya era de noche y se veían vidrios rotos y pedazos de autos. “Ya se llevaron los coches”– alguien me decía–“tu primo Javier ha muerto, lo siento”. Yo gritaba que no era posible, no podía ser, angustiado comencé a caminar en círculos. Y allí me desperté

–Fue solo un sueño, tranquilo.

–De todas maneras, voy a llamar a mi primo aquí en Nueva York y allá en Lima es la misma hora, son las 6 y 30 de la mañana, él se levanta siempre temprano, para atender sus negocios.

–Espera un poco lo vas a incomodar.

–Ya está timbrando el teléfono.

– ¡Aló, Javier! ¿Cómo estás?

– ¿Enrique? ¡Qué sorpresa! 

–Disculpa la hora.

–No te preocupes estaba por desayunar, hacía meses que no llamabas, estabas perdido

–Ya sabes la oficina, el trabajo, la casa, los niños que ya están grandotes y tienen múltiples actividades.

–Pero siempre debes darte tiempo, mira mejor no me hagas caso pues igual estoy yo, ni te llamo, pienso hacerlo, pero lo dilato y así pasan los días

– Y en ese discurrir nos hemos alejado. Y no me vas a creer, pero fue un sueño el que me hizo llamarte.

– ¿Qué fue?

–Soñé que habías tenido un terrible accidente.

–Vaya, espero que no pase nada. Al fin y al cabo, los sueños, sueños son.

–Eso espero Javier, pero cuídate. Al menos ha servido para que nos comuniquemos. Cuando estábamos en el Perú trabajábamos juntos, nos veíamos todos los días. Íbamos a las fiestas, a pelotear, éramos collera.

–Ya, hasta que te casaste, pero aun así mantuvimos el negocio y las reuniones familiares reemplazaron a la de las patotas. 

–Tú no demoraste mucho en casarte después.

–Si, parece que fue ayer y mira ya estamos cerca de ser abuelos.

–Es mental primo, por si acá yo estoy en mi segunda juventud y nadie cree que ya me acerco al medio siglo. El tenis y el aerobismo me tienen silueta.

–Carambas te lo decía en sentido figurado ¡Pero tú prácticas en Lima los ejercicios de aquí del Central Park! Y yo no cambio el futbol por nada, el nuestro claro, al que aquí llaman soccer.

–Como pasa el tiempo, desde que éramos colegiales sacando fruta de los árboles de los jardines de los vecinos para que la abuela hiciera compotas. Y de paso perseguíamos a las Jiménez esas chilenitas ricotonas.

–Suave que te escucha Sofía.

–Se ha ido a preparar el desayuno, pero que hay de malo, éramos unos chibolos de doce para trece en ese tiempo, ¿te acuerdas de los palomillas de su barrio que nos querrían correr para que no las molestáramos, ya que éramos foráneos?

–Si y el día que nos siguió Abelardito con sus diez años a cuestas y nos rodearon ¿cuántos fueron? 15, 20, 25 muchachos, ya no me acuerdo.

–Eran demasiados, me asombró tu calma fría cuando dijiste: “Espalda con espalda, y patada y puño al que se acerque”. Abelardito a pesar de que lloraba repartía golpes a lo grande, yo creí que moríamos, cuando levantaste en peso a su líder sobre tu cabeza y lo tiraste al suelo se calmó la cosa.

–Si me acuerdo de que lo agarré de la cintura y lo impulsé hacia arriba, fue la adrenalina, no sé cómo pasó eso.

–Se bajaron, comenzaron a decir que no toleraban que sus hermanas y vecinas estuvieran con extraños y tú, al toque, te presentaste con nombre y apellido, que tal calma.

– Y se rieron y al final todos nos hicimos amigos.

–Y ¿cómo va la cosa por allí?

–Ahí tirando, te acuerdas cuando tuviste que emborracharme para meterme al avión, porque ya había desistido a viajar y eso que ya tenía vendido todos mis bienes.

–Como no me voy a acordar si los tiras casi te bajan del avión de lo zampado que estabas

–Y eso que no tomaba y hasta ahora, me das cuatro latas de cervezas y ya estoy mareado ¡Y ese día nos tomamos más de una docena de a litro!

–Como pasan los años, siempre pensando en alcanzar metas, en lograr la felicidad que pensábamos que sería cuando termináramos la secundaria, luego cuando nos graduáramos de la universidad, después al llegar el matrimonio y cuando nacieran los hijos. Después cuando estos crezcan y se gradúen. Siempre estamos persiguiendo a la felicidad.

–Esa es la falla que tenemos todos Javier, pensamos que la felicidad es una meta, pero en realidad es una trayectoria.

– ¿Cómo es eso, Quique?

–Sencillo primo, que nosotros desperdiciamos el tiempo, minutos, horas, años, toda la vida buscando la felicidad sin darnos cuenta de que esta nos acompaña día a día, segundo a segundo. Este alrededor nuestro esperando que la tomemos, que la compartamos con nuestros familiares y amigos en cada actividad que hagamos. Está esperando por nosotros, pero lamentablemente no la vemos y al final de nuestra jornada nos damos cuenta de que la hemos dejado escapar miserablemente.

– ¡Carajo primo! me has dado una clase de Filosofía instantánea. Y te doy la razón, angustiados por conseguir lo que creemos que colmará nuestros deseos, dejamos abandonados a los que nos aman. 

–Desde que los viejos se fueron, por acá se han separado todos los hermanos, y los nietos crecen desunidos, indiferentes. La institución familiar esta agónica en este mundo moderno que se ensaña con ella.

–Aquí lo mismo primo, un poco menos, pero por allí va la cosa.

–Mira Javier, he postergado mi viaje a la patria por muchas razones, este verano me voy a verlos por un mes, hay tanto que renovar los tíos, los primos, los sobrinos todo quedó estancado cuando me exilie voluntariamente aquí.

–Recuerda que había guerra y la economía estaba destruida, todos queríamos salir.

–Afortunadamente eso ya pasó y ahora somos una economía emergente muy buena. Quien lo hubiera creído veinte años atrás.

–Hay tanto de que hablar primo no dejemos que la desidia y el tiempo desunan a nuestras familias, hasta que vengas hay que seguir llamándonos, OK.

–OK, y a trabajar, nos vemos Quique, saludos a María y los muchachos.

–Listo hermano, saludos también a Sofía y a mis sobrinos.

Javier regresaba esa tarde a su casa manejando por una carretera, tras una agotadora jornada de trabajo. Estaba muy cansado y el sueño lo vencía por ratos. Se acordó de la llamada de Enrique contándole su sueño, se sobrepuso y recobró la alerta. Un auto venía contra él y a excesiva velocidad. Frenó y giró desesperadamente el volante, pero no pudo evitar la colisión con el otro coche y se salió de la carretera. Los autos dieron varias vueltas en una pendiente y hasta que se detuvieron en medio de una nube de polvo. Al llegar los policías y ambulancias pudieron observar los restos de los autos dispersos en un amplio espacio, así como dos ocupantes que yacían inertes entre los matorrales.

Al despertar vio a su primo Enrique que lo observaba.

− ¿Cómo es que estás aquí?

− ¡Viajé loco, has estado inconsciente por cuatro días! Los doctores pensaron que ya no despertarías. Todavía tu cerebro no se ha rebobinado del todo, tómalo con calma.

Enrique con muchos cables y sondas que lo monitoreaban trataba de recordar cosas, miraba a Javier y luego meditaba hasta que dijo: “Te debo la vida dijo Javier, me estaba durmiendo, pero recordé tu sueño y me puse alerta, así pude evitar que el otro coche me diera de lleno y además estaba con cinturón también, debido a tu sueño, algunas veces me olvidaba ponérmelo, pensaba que algo así nunca iba a pasarme.”

−Si primo, los ocupantes del otro vehículo no los tenían puestos salieron despedidos hacia el frente y rompieron el parabrisas, ambos fallecieron instantáneamente.

− ¡Y me salvé gracias a un sueño! Es algo incomprensible.

−No todas las cosas están escritas en los libros primo.

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