El deporte fiesta

Anochecía un domingo de verano en una ciudad de Connecticut en la Nueva Inglaterra, el abrumador calor del día se disipaba con la brisa vespertina. En la desolada cancha de Fútbol, destacaba la solitaria figura de un hombre que observaba la puesta del sol en medio del gramado. Un bocinazo lo sacó de su sopor, alguien lo llamaba desde un auto.
–¿Qué pasa hermano? ¡¿Y esa cara?!
–Mirá ché Lucas, ¡estoy podrido!
–Qué fue loquito.
–Ya terminó el Mundial de Fútbol en Sudáfrica, hoy se jugó la Final, todos los muchachos en sus casas viendo el emocionante partido, comentando, brindando, celebrando y en las calles… nada que ver, la gente como si nada, ¡es el mundial ché!, ¿qué pasa?
–Es otra cultura Paulino, el público esta subliminado al multibillonario engranaje mercantil-publicitario que generan el Football (que no usa el pie sino la mano), el béisbol y el básquetbol. Además, son los deportes nacionales.
–Si lo se Lucas, pero no solo lo ignoran sino que también lo denigran, ¡ché! El fútbol es jugado por todos los países del mundo!, sin excepción y acá el auspicio que le dan es casi nulo, están tapando el sol con un dedo. ¡Es increíble!, es el fútbol, el deporte más bello del mundo!, es el deporte Rey, pibe!
–Es el precio que hay que pagar al residir acá hermano, claro que tienes razón es un precio muy alto, para nosotros los latinos que sumamos casi 50 millones. Añadamos a esto otros 50 millones de residentes europeos, asiáticos, africanos, de oceanía y sus descendientes de hasta tercera generación para los que el fútbol es casi una religión. Son 100 millones, una tercera parte de la población de esta nación, sin contar con los millones de ciudadanos que prefieren al fútbol a otros deportes.
-¡Caramba Lucas, debería haber más fomento, ¿no te parece?
–No te preocupes Paulino, esta pasando subterráneamente una millonada de niños esta practicando el futbol, y más temprano que tarde las nuevas generaciones pondrán al futbol en el pedestal que se merece.
– ¡Y nosotros qué! ¡Ya estaremos abuelos si es que estamos!
–A nosotros nos toca ser los pioneros, no ves que es un privilegio cuando jugamos en la cancha del Lago Stanley, once contra once y además un equipo entero esperando para reemplazarnos y lo más maravilloso, casi cada jugador es de un país diferente, treinta nacionalidades representadas, treinta banderas, treinta culturas, treinta lenguas unidas por un deporte. Un deporte que une más que todos los políticos de las Naciones Unidas y hay que reconocer que el idioma inglés ayuda pero de nada serviría si en esos treinta y tres corazones no latiera la pasión por el deporte Fiesta.
–¡Caramba Lucas, te pasaste de vueltas con esa lógica, y hasta le diste otro apelativo al fútbol!
–Ya Paulino, y te repito, somos los pioneros, nuestros hijos juegan con nosotros y muchos somos entrenadores de ellos y sus compañeros de colegio, universidad o barrio. Es una cadena de oro que se está tejiendo y esos más de 100 millones de fanáticos tendrán, o más bien dicho, ya están teniendo su espacio aunque los medios y la publicidad parcializada no lo quieran reconocer.
–Ya quisiera ver ese día Lucas, cuando el Fútbol se celebre aquí como en todos los países del mundo.
–Se está viendo amigo, leí en el Times que cada partido del mundial fue visto por al menos 450 millones de personas alrededor del mundo, multiplica eso por los 64 partidos que se disputan durante la Copa, son 26 billones de espectadores en total, y muchos de esos millones son de aquí. ¿Qué vas a hacer hoy loquito?
–No se Lucas, ir por ahí… todo está muerto, vos sabés toda mi familia está en Uruguay, allá si que están celebrando, ¡casi campeones viejo! y el país paralizado en cada partido, ¡Forlán el mejor del mundo ché!, calladito se comió a todos los monstruos, y yo acá viendo cómo salen los grillos a cantar toda la noche, a esperar el regreso a laburar todo el día, enviar algo de dinero a los míos y poder jugar una pichanguita de vez en cuando, para no morir de tedio, ché.
–Vamos hermano, ven con nosotros, grabé el partido y van a venir en mancha, no te quedes solo, vamos!
–Tenés razón, si me quedo aquí se me va rayar la testa.

A los pocos días los dos amigos se reunieron a jugar el deporte que los apasiona al igual que sus compañeros de diversas naciones, entre ellos estaba Raúl de Honduras.
–Suiza le ganó al campeón y Honduras le empató a Suiza, al fin de cuentas creo que mi país cumplió –dijo Raúl a sus compañeros y añadió: “Por todas los canchas o en los parques y hasta en las calles he visto jóvenes y niños jugando el fútbol, algo que no pasaba en años pasados”.
–Ya ves, te lo dije Paulino –interrumpió Lucas– el fútbol está avanzando en este país.

Se completaron dos equipos de once y los que fueron llegando formaron un tercer equipo. Lucas observó que llegó un nuevo jugador que se presentó como Eliah, que era natural de Israel y jugaba como portero. También llegaron los acostumbrados africanos, europeos, asiáticos y de otras latitudes, entre los que estaban también un jugador de Yemen y dos de Irán. Aquí fue donde Lucas tuvo un pálpito, más aún cuando al escogerse los equipos Eliah quedó en un equipo y los árabes en otro. Rápidamente cruzó por su mente la furiosa rivalidad existente entre las naciones de esos jugadores y estuvo alerta, ya que era el encargado de poner las reglas, conseguir los uniformes, separar la cancha, en fin que las cosas marcharan bien.
Más preocupaciones tuvo Lucas al ver que Eliah atajaba todos los balones y su equipo mandaba a la banca una y otra vez al equipo de los árabes. Notó el enojo de Hassani el jugador de Yemen, un excelente delantero, que tiraba balones de todos lo ángulos y que eran desviados o atajados por Eliah. Pero al fin de cuentas Lucas se puso jugar con sus compañeros disfrutando del deporte Rey, olvidándose de todo, dando lo mejor de si. Numerosos espectadores se reunieron a los alrededores de la cancha. Era bueno disfrutar del deporte Fiesta.
Tras más de dos horas de juego ininterrumpido los jugadores de mutuo acuerdo terminaron el juego. Lucas vio que los tres árabes se dirigían directamente hacia el arquero judío. Golpeando en el brazo a Paulino para que lo acompañara se dirigió hacia ellos. Vio que los tres árabes rodearon al israelí y antes de que él o Paulino pudieran hacer algo el de Yemen se abalanzó sobre el judío… y se estrechó con él en un fraternal abrazo, felicitándolo por su buena actuación, lo mismo hicieron los dos de Irán y se pusieron a conversar alegre y animadamente. Lucas y Paulino se retiraron con prudencia a un lado del campo.
–¡Ché Lucas, qué macana!, ya se me ocurrió otro nombre para nuestra pasión y de verdad que lo es… Es el Deporte de la Paz.

Los jugadores conversaban animadamente de las recientes incidencias de la Copa Mundial y Lucas no perdía de vista Eliah y los árabes que demostraban que el fútbol une a lo hombres, no importa lo dividida que estén sus naciones por guerras y políticas irreconciliables.

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